Geopolítica mundial de los hidrocarburos: contrarevolución del petróleo y del gas no convencionales (esquisto o shale) y las consecuencias para América Latina

Por Damián Jacubovich geopolitólogo y analista internacional

El gas de lutita, también conocido como gas de esquisto o gas pizarra (en inglés: shale gas), es un hidrocarburo en estado gaseoso que se encuentra atrapado en las formaciones rocosas sedimentarias de grano muy fino. Este tipo de gas natural se extrae de zonas profundas en terrenos donde abunda el esquisto, las lutitas o las argilitas ricas en materia orgánica. El interior rocoso del esquisto presenta baja permeabilidad, lo que impide el ascenso del hidrocarburo a la superficie. Por ende, para la extracción comercial de dicho gas, es necesario fracturar la roca hidráulicamente, inyectándole agua caliente, arena  y productos químicos muy tóxicos que llegan a profundidades muy importantes, pudiendo impactar en importantes acuíferos subterraneos.


No existe gran diferencia entre el gas y el petroleo de esquisto o no convencional, salvo que el petroleo se encuentra en estado más sólido y a mayor profundidad por lo cual su extracción es aún más costosa.


 Después de padecer durante los últimos 40 años el fantasma de la amenaza de escasez energética en materia de hidrocarburos (petróleo y gas), el mundo parece haber entrado en una fase que los expertos califican como de "abundancia energética".


Esto, gracias a la revolución producida por la nueva tecnología de explotación del petróleo y el gas no convencional mediante fracturación hidráulica, también llamada de esquisto o shale.


En este sentido los avances de Estados Unidos en la materia han sido descomunales, de  manera tal, que en un futuro próximo, la primera potencia del mundo será prácticamente autosuficiente energéticamente.


De la noche a la mañana, el shale gas (o gas de esquisto) ha cambiado el panorama energético en los Estados Unidos. La revolución del shale gas ha dado un giro radical a los pronósticos sobre energía, alteró el perfil energético de los Estados Unidos. Numerosos geopolíticos se preguntan si será posible que el shale gas tenga el mismo impacto en América Latina?


En efecto desde 2010 Estados Unidos se ha convertido en el primer productor de gas en el mundo, desplazando a Rusia de una histórica supremacía en el rubro y se estima que pronto podría convertirse en el primer  productor de petróleo del planeta.* Para agosto del 2014, dos sociedades estadounidenses fueron autorizadas por el gobierno de Estados Unidos a exportar petróleo bruto, algo que no ocurría desde 1973, cuando la liga árabe había efectuado un embargo sobre los Estados Unidos acusados de sostener a Israel en la guerra de Yom Kipur. Una situación completamente inimaginables tan sólo algunos años atrás. El estremecimiento geopolítico ha sido de talla y ya ha comenzado con el basculamiento militar de los Estados Unidos desde la región de Oriente Medio hacia la región de Asia Pacífico, patio trasero del nuevo adversario: China. China que entre paréntesis, por ahora se encuentra aún lejos de haber resuelto la ecuación energética que sí ha sabido resolver su gran rival occidental. De esta manera todo parece indicar que aun siendo de gran importancia estratégica por la presencia de grupos terroristas, el Medio Oriente ha dejado de ser vital para la seguridad energética estadounidense lo que implica de facto un nuevo tipo de relación entre el gran hermano del norte y la región, constituyendo sin dudas uno de los grandes golpes de timón dados por el gobierno de Barack Obama a nivel de geopolítica mundial. A modo de muestra, basta con ver el acuerdo nuclear firmado entre Estados Unidos e Irán, bastión del chiismo internacional en Oriente Medio o bien el tibio involucramiento militar estadounidense en los recientes conflictos sirios e iraquíes. De esta manera, pasamos de un centro de interés energético en el medio oriente a una dispersión de este centro de interés, no es de extrañar que toda la geopolítica del planeta se vea sacudida.




Cabe señalar de todos modos que los Estados Unidos no son el único país americano "bendecido" a nivel subsuelo en materia de hidrocarburos no convencionales: Canadá, México y Argentina también lo han sido, abriendo de esta manera un panorama muy interesante para ambos países latinoamericanos.

Ese potencial de América Latina para el gas no convencional ha sido documentado en los últimos meses en un informe de la U.S. Energy Information Administration (EIA). De acuerdo con el análisis, en América Latina, Argentina tiene el mayor potencial de gas de esquisto, seguido por México y Brasil. Ver Figura 1.
Argentina ha concentrado el mayor interés en la explotación del shale gas en la región. Varios yacimientos de shale gas han sido descubiertos, creando un gran entusiasmo. En diciembre del año pasado, la firma argentina YPF anunció un descubrimiento masivo de shale gas que, según informó, podrá garantizar el abastecimiento de gas del país por muchas décadas.


Pero quizás el impedimento más relevante para el desarrollo del shale gas en América Latina sea el mismo factor ambiental que está impactando el mercado estadounidense. Los críticos argumentan que los métodos utilizados para extraer gas natural del esquisto, específicamente la fractura hidráulica, o “fracking,” son nocivos y contaminan los mantos freáticos cercanos. Además, los opositores a su explotación argumentan que el desarrollo del shale gas requiere grandes cantidades de agua, y aún no se ha desarrollado un método efectivo de deshacerse de las aguas de desecho.
El futuro del shale gas en América Latina es brillante, pero existen obstáculos clave que deben ser superados. El formidable potencial indica que hay enormes posibilidades de desarrollo de esta industria. Al mismo tiempo, la explotación del shale gas y el desarrollo de la industria correspondiente podrían resultar más lentos de lo previsto o esperado – y sin duda muy costosos.


Esta contrarevolución de los gases y petroleos no convencionales que han generado una sobre oferta en el mercado de los hidrocarburos, sumados a la crisis económica y la decisión de Arabia Saudita, quién por conveniencias geopolíticas ha decidido mantener el mismo ritmo y no amortiguar la caída del precio de los hidrocarburos, notablemente lo que respecta el precio del petroleo hace que hoy nos encontremos con el precio de un barril particularmente bajo y cabe entonces preguntarse por las consecuencias para América Latina.


La tecnología es uno de los elementos claves para el desarrollo del shale gas en América Latina. El acceso a la tecnología y a los conocimientos necesarios para extraer el gas de una manera efectiva en costos es una necesidad crítica para la región. Algunos expertos han señalado que, como la revolución del shale gas es un fenómeno tan nuevo y tan significativo para la región, es posible que América Latina pueda saltarse gran parte de la curva de aprendizaje.

Esta situación comienza a preocupar a muchos países latinoamericanos, aunque para otros representa un alivio significativo. Esta claro que el petróleo juega un papel fundamental  en las economías de la región. Nuestro continente posee la segunda reserva petrolera más importante del mundo después del Medio Oriente. Y el impacto de la baja en los precios ya se está sintiendo, ya sea en el caso de los grandes productores como Venezuela, México y Brasil como en países importadores de crudo como Chile.



Entre los perdedores están principalmente Venezuela , México , Brasil , Colombia , Argentina y Ecuador , pero el impacto en sus economías varía dependiendo de su manejo macroeconómico y de cuán importante es el petróleo en su producción general.

Venezuela es de lejos el mayor perdedor, particularmente si la tendencia a la baja persiste.
El país sudamericano tiene las mayores reservas probadas del mundo y, según cifras del gobierno estadounidense, produce unos 2,4 millones de barriles por día. Pero prácticamente no exporta ninguna otra cosa que no sea petróleo. Las cifras hablan por sí solas: el petróleo constituye más de un 90% de sus exportaciones y cerca de un 50% de los ingresos fiscales.

El impacto sobre Ecuador será también significativo, ya que el 60% de sus exportaciones provienen del petróleo.
La situación de México, el segundo productor de la región, es diferente ya que además de ser un gran productor también tiene un sector manufacturero importante que se beneficia de una baja en el costo de la energía. El principal problema de México es que una baja persistente en los precios podría poner en riesgo los prometidos beneficios de la reforma energética que busca abrir la industria petrolera a la inversión extranjera. "El problema para México es que si los precios se mantienen bajos a largo plazo, menos inversionistas van a estar interesados en destinar cientos de millones de dólares a nuevos proyectos".

Brasil, el tercer productor de la región, está en una posición similar. La mayor parte de su producción es para consumo interno, de manera que su dependencia de los ingresos petroleros es mucho menor.
No obstante, una caída persistente en los precios pondría en riesgo sus planes para explotar su reserva petrolera del "pre sal", como se denomina a los yacimientos descubiertos desde 2007 en aguas profundas, bajo una gruesa capa de sal en el Atlántico. Una baja sostenida de los precios puede significar que ese petróleo permanezca donde está por mucho tiempo.
Lo mismo se aplica según James McKeigue en el caso de Argentina, que tiene amplias reservas petroleras y de gas.
Colombia, mientras tanto, produce un millón de barriles diarios, pero el petróleo representa un 55% de las exportaciones del país y un 22% de sus ingresos fiscales.
Para países que importan petróleo, como los países centroamericanos o Chile, la caída de los precios es una gran noticias. Chile es quizás uno de los mayores beneficiarios, ya que depende en buena medida de la producción de cobre, que requiere un alto consumo de energía.
Bolivia, que mantiene un programa de subsidios al consumo energético, podrá al menos reducir sus gastos por este concepto.
Y por supuesto están los países de Centroamérica y del Caribe, que son en su mayoría pequeñas economías importadoras de petróleo, y que por lo tanto también se beneficiarán.

De manera que la caída de los precios es una bendición para unos, pero un verdadero dolor de cabeza para algunas de las economías más importantes de la región.



Damián Jacubovich es analista internacional especialista en conflictos geopolíticos
 
Ver video de geopolítica militar América Latina por Damián Jacubovich
https://www.youtube.com/watch?v=CDZU7YAli-k





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